ESTUDIAR
ejercitar el entendimiento para alcanzar o comprender algo.
Miro la hoja con precaución, la analizo e intento descifrarla.
Cada número suma una duda en mi cabeza,
cada cuenta resta mi atención por lo que intento hacer,
cada gráfico divide mi cerebro y me pone a pensar en estupideces,
cada inecuación multiplica mi hambre, mi sueño, mi aburrimiento.
La única X que tengo ganas de ver es la de mi nombre,
y aunque empiezo a rendir mañana, no puedo activarme aún.
Fin de semana agitado.
domingo, 7 de marzo de 2010
sábado, 6 de marzo de 2010
Sueño de resaca
Lo siguiente es una delirada total.
(Pensando con los ojos cerrados)
¿Dónde estoy?
En mi cama.
¿Por qué supongo que es mi cama?
Porque estoy durmiendo en ella...
(Abro los ojos)
No es mi pieza. No son mis medias. No es mi novia. No es mi día.
Sábanas de una noche agitada,
lagañas de resaca,
aliento a cenizas y vasos vacíos,
mente en blanco.
¿Éste es mi cuerpo?
Más allá de las uñas largas, lo demás coincide.
¿Soy John Malkovich?
No, por suerte soy yo. Sólo que no recuerdo haber traído mi cuerpo conmigo.
¿Y mi mente?
Ésa no aparece hasta mañana.
¡Carajo! Hoy tenía que estudiar.
O primero volver a casa.
(Levanto mis pantalones del suelo y me voy)
(Pensando con los ojos cerrados)
¿Dónde estoy?
En mi cama.
¿Por qué supongo que es mi cama?
Porque estoy durmiendo en ella...
(Abro los ojos)
No es mi pieza. No son mis medias. No es mi novia. No es mi día.
Sábanas de una noche agitada,
lagañas de resaca,
aliento a cenizas y vasos vacíos,
mente en blanco.
¿Éste es mi cuerpo?
Más allá de las uñas largas, lo demás coincide.
¿Soy John Malkovich?
No, por suerte soy yo. Sólo que no recuerdo haber traído mi cuerpo conmigo.
¿Y mi mente?
Ésa no aparece hasta mañana.
¡Carajo! Hoy tenía que estudiar.
O primero volver a casa.
(Levanto mis pantalones del suelo y me voy)
jueves, 4 de marzo de 2010
lunes, 1 de marzo de 2010
domingo, 28 de febrero de 2010
jueves, 25 de febrero de 2010
martes, 23 de febrero de 2010
Un tanguito

El marfil blanco estaba frío. El vapor de su respiración se recostaba sobre el barniz del piano.
Tocó el Do más agudo indicando que en cinco segundos comenzaba. La pareja de baile se preparó, levantaron sus cabezas, erguidos y en permanente contacto visual. Y ahí esperaron.
Ella hizo trampa y le guiñó un ojo a su pianista.
El primer acorde rompió el silencio de copas de champagne, y los bailarines recordaron sus pasos tal como los habían ensayado un millón de veces. La agarró un poco más fuerte con su brazo derecho, presionando pecho con pecho, y ella con delicadeza, pero completa pasión, cedió.
Él violaba cada parte de su compañera con la mirada y manos, cual buen tango bien bailado.
Pivot, cruce atrás, cruce adelante y apertura. Un juego de piernas moviendose con profesional erotismo.
Un mechón de pelo se le soltó del rodete, y largó con eso la rosa roja que se lucía en su cabeza.
Al compás del piano, levantó sus tacos y realizó la posición final de la coreografía.
Los ovacionaron y luego se hundieron en murmullos y luces ambientales.
La pareja de baile se echaba la respiración sobre la boca del otro. Exhalaban agitados, manteniendo la posición por un tiempo mayor al que espera cualquier artista mientras lo aplauden.
El pianista tocó ahora un Mi muy grave y corto, que desprendió a la pareja en menos de un segundo. Se rieron, se despidieron, se fueron.
Ella con su esposo, el pianista, con quien probablemente brindaría en casa por una noche más de trabajo bien realizado y luego harían el amor.
Él, solo en su motocicleta, pensando en ella, su amor ya ocupado, quien únicamente era suya en la pista de baile y en sus sueños.
Al menos, se alegró, era él quien se llevaba la rosa roja a su casa.
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